Alma de Bruja



La raza de las brujas es la indiscutible protagonista en esta bilogía. En la primera parte, narrada por Edrick Wirenne, te verás obligado a conocer la magia a través de los ojos de un vampiro. En su segunda y última parte, será Poème quién te lleve de la mano a un mundo lleno de sombras dónde intentará implantar un ápice de claridad.  

¿Te apetece conocer un poco mejor a estos seres sobrenaturales? 
Deja que te presente mi visión, la que he plasmado en la novela. Cada domingo te descubriré el llamativo universo que se esconde tras el mito, la realidad que me ha inspirado, las leyendas en las que me he basado y el porqué de la transformación que han sufrido en Orquídea Blanca.


Maleficae, en la antigua Roma, Majo, Meiga, Ragana... No importa el nombre, la brujería, asociada a la figura de la mujer, es un mito conocido en todas las culturas. Desde la Grecia Clásica nos llegan los primeros ecos de la magia asociados a la diosa Hécate o el nacimiento de las brujas en los cursos de agua de Tesalia. Sin embargo, las nociones de esta raza previas a la Edad Media son más bien escasas, pues es entonces cuando cobran protagonismo para convertirse en el mito que conocemos.

En Francia, a finales del siglo V, se emitió la primera medida contra la brujería. No se trataba más que de una multa económica recogida en la Ley Sálica.  Al mismo tiempo, en el resto de Europa se inició la literatura asociada a la Inquisición que recogía todas las maldades capaces de salir de manos de una mujer embrujada. Asociando la belleza, la sabiduría, la persuasión, el conocimiento de las artes o la fuerza a poderes sobrenaturales dotados por el mismo Satanás, convirtieron en Ley el castigo de toda mujer (u hombre, aunque raro era el caso) gracias al Malleus Maleficarum (El Martillo de las Brujas). A partir de la publicación de ese libro, comenzó la terrible persecución de inocentes.

No fue hasta principios del siglo XIX cuando el mito perdió fuerza gracias a los avances éticos, científicos y la libertad de pensamiento. Aunque la mujer con tendencias feministas seguía asustando bastante a la sociedad de mente limitada, poco a poco fue ganando los derechos que la Edad Media le había negado hasta comenzar su propia revolución.


Entre los poderes que se asocian a las brujas se encuentra la telequinesia, la adivinación, la sanación, la celebración de aquelarres, los pactos con el diablo o fuerzas sobrenaturales y el vuelo sobre escoba. Si has leído Orquídea Blanca sabrás que todos esos mitos están reflejados en sus personajes.  
Las brujas eran el nexo de unión entre la Vida y el Mundo de las Sombras
Ellas pertenecían al primero, pero eran capaces de comunicarse e interaccionar con el segundo poseyendo, incluso, capacidades asociadas tan solo a la Oscuridad. Y, en Orquídea Blanca, es lo que siguen representado. El punto intermedio entre la Naturaleza, a la que pertenecen y deben respetar, y el mundo sobrenatural. Su deber es mantener el equilibrio entre las fuerzas de ese mundo irreal para que siga oculto a quién no tiene la capacidad de ver más allá.


El próximo domingo, Las Brujas y los Cuatro Elementos

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